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Caritas En Veritate

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Submitted By anakletus1988
Words 5735
Pages 23
Resumen Carta Encíclica Caritas en Veritate del Papa Benedicto XVI.
Caritas in veritate es un documento social, la primera encíclica sobre la situación del mundo en la época de la globalización.
Esta encíclica contiene una síntesis de los pensamientos del Papa y de las experiencias de la Iglesia, una síntesis que es una verdad universal y reflexiona sobre situaciones muy diversas, crecidas en los respectivos países y continentes; reflexiona sobre las condiciones de los mecanismos económicos y de las fortalezas, pero también las dificultades y debilidades, de las organizaciones internacionales “en el período de la globalización”.
Esta Consta de 79 párrafos distribuidos en Introducción, 6 Capítulos y una conclusión; Cada capítulo trata temas o situaciones actuales.
En la Introducción empezamos con “La caridad en la verdad… es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad”, es la sentencia que abre la reflexión de Benedicto XVI sobre los problemas actuales para ofrecer una visión cristiana sobre las pistas de solución. Y habla del amor no sólo porque es una fuerza que tiene su origen en Dios, Amor eterno, Verdad absoluta, sino porque como humanos que somos sabemos que cuando ponemos amor en las cosas las hacemos con mayor satisfacción. Desde este punto de vista se expresa que es para toda persona creyente y no creyente.
Podemos resumir de estas primeras líneas de la encíclica que si el mundo no está bien no es por causa de alguna falla en la creación, sino que es un problema de no haber asumido el plan de Dios en el amor y la verdad. Por eso Caritas in veritate es una invitación a toda la humanidad, empezando por los creyentes a volver la mirada sobre Aquel que es todo amor y nos ofrece la verdad de su salvación.
“La caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia”. Benedicto XVI escribe que “todas las responsabilidades y compromisos trazados por esta doctrina provienen de la caridad que, según la enseñanza de Jesús, es la síntesis de toda la ley”. Esto quiere decir que el amor no sólo debe ser al impulsor de las relaciones más cercanas a nosotros, como aquellas de familia, amistad; nuestra relación personal con Dios y con el prójimo; las micro-relaciones como las llama el Papa, sino también las macro-relaciones, como las sociales, económicas y políticas que son las que tienen incidencia en los ámbitos de todas las personas.
La verdad resplandece la caridad y puede ser vivida auténticamente. La verdad es la que da luz y sentido a la caridad. Una luz que proviene simultáneamente de la razón y de la fe. De la razón porque nuestra inteligencia comprende que naturalmente existen unas cosas que humanos debemos hacer, y de la fe, porque si no esa acción queda sólo en un mero filan tropismo, sin trascendencia, y con el riesgo de convertirse en un mero sentimentalismo.
“La caridad es amor recibido y ofrecido”. Hay 7 principios que son en orden: principio del bien común, el destino universal de los bienes, el principio de subsidiariedad, la participación, el principio de solidaridad; los valores fundamentales de la verdad, la libertad y la justicia, y el séptimo principio es la vía de la caridad. Todos estos principios responden al hecho que en la Iglesia la persona humana es el valor fundamental. En esta Encíclica el principio de la Caridad escala al número 2.
El Papa dice la “caridad va más allá de la justicia” porque ésta normalmente es definida como darle al otro lo que es suyo, lo que le corresponde en virtud de su ser y su obrar. La caridad va más allá porque significa dar de lo propio, ofrecer de lo mío al otro, compartir. Por eso “quien ama con caridad a los demás, es ante todo justo ellos”.
Benedicto XVI basa su encíclica haciendo una primera valoración sobre el aporte de la encíclica Populorum progressio, que recordamos publicó Pablo VI en 1967.
Cierra su introducción con esta frase “sólo con la caridad, iluminada por la luz de la razón y de la fe, es posible conseguir objetivos de desarrollo con un carácter más humano y humanizador”.
El Capítulo 1 está dedicado al Mensaje de la Populorum progressio, la encíclica publicada por Pablo VI en 1967. Benedicto XVI nos introduce en los principios y valores sociales que Pablo VI quiso poner de relieve con su encíclica sobre el progreso de los pueblos. La primera gran encíclica social fue la Rerum novarum, publicada en el año 1891, con una problemática obrera muy específica. Luego cada documento social ha respondido al momento histórico particular de su publicación.
Benedicto XVI indica en este número que la publicación de la Populorum progressio tuvo lugar poco después de la conclusión del Concilio Vaticano II, razón por la que su autor, el Papa Pablo VI, indica la íntima relación que tiene su encíclica con el Concilio. Juan Pablo II, en la encíclica Sollicitudo rei socialis también subraya la fecunda relación entre el Concilio y el documento de Pablo VI.
Benedicto XVI nos plantea que el documento de su predecesor partía de dos grandes verdades. La primera es que toda la Iglesia, en todo su ser y obrar, cuando anuncia, celebra y actúa en la caridad, tiende a promover el desarrollo integral del hombre. Es decir, no hay ninguna actividad eclesial que no tenga, por esencia, ese carácter de elevación del ser humano, de dignificación de la persona humana. Y la segunda verdad es que el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones.
Benedicto siempre haciendo referencia al Populorum progressio de Pablo VI, dice que el progreso es una vocación: “En los designios de Dios, cada hombre está llamado a promover su propio progreso, porque la vida de todo hombre es una vocación”. Esta afirmación, que la vida de toda persona es una vocación, es la que da al progreso una consideración que va más allá de las simples implicaciones técnicas, como la mayoría puede pensar. Progresar, no es solo alcanzar mejoras en las condiciones de vida producidas por artefactos o ingenios, sino que implica un ser cada vez más personas, ser cada vez más humanos. Benedicto XVI dice que la vocación es una llamada que requiere una respuesta libre y responsable. De allí que el desarrollo humano integral, como vocación, también supone la libertad responsable de la persona y de los pueblos.
Benedicto dice que para comprender la visión del desarrollo como vocación, y es el considerar que el centro del desarrollo sea la caridad.
En el Segundo Capitulo “El desarrollo humano en nuestro tiempo”. El desarrollo económico que quería Pablo VI era el que produjera un crecimiento real, extensible a todos y concretamente sostenible. Y si bien se ha constatado que ha habido desarrollo para muchas personas y sociedades que han salido de la pobreza, lamentablemente se reconoce que es desarrollo ha estado aquejado por desviaciones y problemas dramáticos, que la actual crisis ha puesto de manifiesto. No se puede hacer un desarrollo para unos, mientras otros permanecen hundidos y pagando las consecuencias.
Benedicto XVI constata que está lejos de lo que se había propuesto en la época de Pablo VI. Si bien se han logrado superaciones técnicas y económicas, también es cierto que el desarrollo no ha llegado a todos. El Pontífice dice que las fuerzas técnicas que se mueven, las interrelaciones planetarias, los efectos perniciosos sobre la economía real de una actividad financiera mal utilizada y en buena parte especulativa, los importantes flujos migratorios, provocados y después no gestionados adecuadamente, o la explotación sin reglas de los recursos de la tierra, nos inducen a reflexionar sobre las medidas necesarias que todavía es necesario tomar para solucionar los acuciantes problemas de la humanidad.
Benedicto XVI dice que se constata en nuestros días corrupción e ilegalidad tanto en el comportamiento de sujetos económicos y políticos de los países ricos, nuevos y antiguos, como en los países pobres. Es decir, la corrupción y la ilegalidad ya no son exclusivas de ciertos regímenes que se mantenían con este sistema, sino que han permeado inclusive a sociedades teóricamente mejor organizadas; el Papa menciona otro: la falta de respeto de los derechos humanos de los trabajadores. Recordemos que la doctrina social católica, tal como la conocemos hoy, parte de la Rerum novarum que en 1881 denunció los problemas de explotación de los obreros.
Benedicto XVI habla respecto a las ayudas internacionales. Si bien no se condena el hecho de que haya contribuciones entre los países pudientes y aquellos con menos recursos, si se denuncia el que muchas de esas ayudas no llegan a solucionar los problemas porque con frecuencia son desviadas de su finalidad por irresponsabilidad tanto de los donantes como en los beneficiarios. Otro tema es la forma de explotación que se está tratando de imponer de parte de países ricos a aquellos pobres, pero con grandes recursos ambientales y en especial con variedad de flora. Se trata de la protección de los conocimientos y principios a través de un empleo demasiado rígido del derecho a la propiedad intelectual.
Benedicto XVI denuncia que con el mensaje de tener mejores ventajas competitivas en el mercado global, la reducción de sueldos de los trabajadores, la disminución de los beneficios sociales y la previsión social, generan graves peligros para los trabajadores, para sus derechos fundamentales reconocidos después de arduas luchas en muchas partes del mundo y que ahora se ven disminuidos y hasta transgredidos.
Benedicto dice que se constata que los cambios sociales y económicos hacen que las organizaciones sindicales tengan hoy mayores dificultades para desarrollar su tarea de representación de los intereses de los trabajadores, también porque los gobiernos, por razones de utilidad económica, limitan a menudo las libertades sindicales o la capacidad de negociación de los sindicatos mismos.
Benedicto XVI afirma que el hambre no depende tanto de la escasez de recursos, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es el de tipo institucional. Es decir, falta un sistema de instituciones económicas capaces, tanto de asegurar que se tenga acceso al agua y a la comida de manera regular y adecuada desde el punto de vista nutricional, como de afrontar las exigencias relacionadas con las necesidades primarias y con las emergencias de crisis alimentarias reales, provocadas por causas naturales o por la irresponsabilidad política nacional e internacional.
Benedicto XVI plantea un nuevo derecho humano universal: “la alimentación y el acceso al agua como derechos humanos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones”.
El Tercer Capitulo “Fraternidad, desarrollo económico y sociedad civil”. El Papa habla sobre el significado del principio de gratuidad, basando en la consideración y experiencia del don. El ser humano está hecho para el don, para la donación, pero también recibe de Dios grandes dones, que lamentablemente por la influencia del pecado de los orígenes, a veces no los ve, o peor aún, se cree merecedor de los dones por el hecho o, digamos mejor por la tentación, de creerse el dueño de su vida y de su destino. Aquí debe entrar en acción el principio que da nombre a la encíclica, Caridad en la verdad, porque la caridad, el amor, es una fuerza que funda la comunidad, unifica a los hombres de manera que no haya barreras o confines.
Benedicto XVI reconoce que el mercado es un institución que permite el encuentro entre las personas como agentes económicos, encuentro que es regulado por otra institución que es el contrato, el cual estable las normas para que las relaciones de intercambio de bienes y servicios puedan desarrollarse. El Papa afirma que hay un principio al que está sujeto el mercado, el principio de la llamada “justicia conmutativa”, el cual regula precisamente la relación entre el dar y el recibir entre iguales. la doctrina social católica propone dos principios más que son el principio de la justicia distributiva y la justicia social. Con estos tres principios la economía fuera perfecta, ya que se benefician los países ricos y los países pobres.
El mercado y las finanzas son instrumentos, afirma el Pontífice, que pueden ser usados para el bien o para el mal, de allí su carácter de neutralidad. El problema entonces no son los instrumentos sino quien los usa, y los criterios aplicados para su uso.
“Toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral”. El Papa Benedicto XVI lo reafirma, basándose en la tradición de la doctrina social católica, y en la constatación que han hecho las ciencias sociales y las tendencias de la economía contemporánea.
Benedicto XVI, citando la encíclica de su predecesor(citando un pensamiento de la encíclica Centesimus annus de Juan Pablo II, en el que se indica que se necesita un sistema económico basado en tres instancias: el mercado, el Estado y la sociedad civil) dice allí se planteaba que la sociedad civil era al ámbito más apropiado para una economía de la gratuidad y de la fraternidad, por supuesto sin negarla en los otros dos ámbitos, el mercado y el Estado.
El Papa dice que las actuales dinámicas económicas internacionales, caracterizadas por graves distorsiones y disfunciones, hacen necesario que se revisen los modos de entender la empresa. Tener una empresa hoy significa, para una gran mayoría, tener garantizada una ganancia que permita hacer crecer la fortuna. Y este “hacer crecer la fortuna” normalmente es el que sustenta las decisiones de donde colocar la empresa, como hacer para pagar menos al personal, pagar menos al fisco, etc. Y generar lo que hoy se llama la “deslocalización”, que significa que los empresarios o dueños están en una parte del mundo, y la empresa está en otro, desinteresándose ellos de la forma como opera la misma, y de las leyes que sustentan esa operación. Aquí se hace referencia a la responsabilidad social empresarial.
Benedicto XVI señala que ya su predecesor, Pablo VI en la Populorum progressio, adevertía seriamente sobre los daños que la transferencia de capitales al extranjero puede ocasionar, porque normalmente esa transferencia se hacía en provecho personal. Señala que se debe valorar la forma como son conseguidos los capitales, que se espera sean conseguidos lícitamente, y sobre todo que es importante que esos recursos se empleen donde se generan, o al menos una parte.
El Cuarto Capitulo Desarrollo de los Pueblos, derechos y deberes, ambiente. La solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber. Benedicto XVI reflexiona sobre los deberes y derechos inherentes al desarrollo de los pueblos. Y parte del hecho de la solidaridad que se ve en muchas partes del planeta, en muchas sociedades, que se puede tener como un sentimiento de filantropía, que también se puede inspirar en un hecho religioso, católico o de otras religiones mundiales, pero que el Papa lo coloca como un deber.
Benedicto XVI afirma que no se puede decir que el crecimiento demográfico sea la primera causa del subdesarrollo y la pobreza de los pueblos. El Papa dice que basta pensar en la disminución de la mortalidad infantil y el aumento de la edad media en los países pudientes, y en los signos evidentes de crisis que se perciben en las sociedades en las que se constata una preocupante disminución de la tasa de natalidad. Es claro, y lo reafirma el Pontífice, que se debe ser responsable a la hora de formar una familia, y la Iglesia apoya y promueve esta manera de pensar, pero también exhorta a que se respeten los valores humanos en el ejercicio de la sexualidad.
El tema específico es el de la procreación responsable, ya que en muchos países para justificar la adopción de leyes abortistas y la inclusión de programas de anticoncepción, se basan en que el aumento excesivo de la población es contrario al desarrollo de los pueblos. Benedicto XVI hace hincapié sobe el respeto que se debe tener por la vida desde su concepción hasta la muerte natural, y combate la mentalidad que se quiere imponer de ver a los embriones o a los fetos como una enfermedad. El Papa reafirma el principio de paternidad responsable, de apertura responsable a la vida, que a su vez es una riqueza económica y social. Y para afianzar este principio el Pontífice habla que muchas naciones han logrado salir de sus situaciones de subdesarrollo gracias a la capacidad de sus habitantes.
El Papa hace un llamado para que los jóvenes redescubran la belleza de la familia y del matrimonio, y llama la atención a los Estados para que establezcan políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, célula fundamental de la sociedad.
El Papa dice que hay un principio de la doctrina social católica que puede iluminar todo el campo de las decisiones éticas y es el considerar siempre la inviolable dignidad de la persona humana, que se basa en el hecho de que el ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios. Esa inviolable dignidad humana es el valor trascendente de las normas morales naturales. Por eso, una ética que deje de lado el aspecto de la creación del hombre y su dignidad humana, pierde su propio significado y se presta para ser instrumentalizada, hasta se amoldada a los sistemas económico-financieros existentes y así justificar sus opciones, en vez de corregir sus disfunciones.
El Papa reafirma que si bien puede haber una distinción en cuanto al fin último de la empresa, ganar o no ganar dinero, lo que no se puede dejar de lado es la responsabilidad social que ambas tienen. Y aprovecha este discurso para hablar del surgimiento de un tercer sector empresarial, que serían instituciones tradicionales pero que establecen pactos con países o sectores atrasados con el objetivo de generar una utilidad social. Serían empresas tanto del sector público como oficial, que no excluyen el beneficio, pero lo consideran un instrumento para objetivos humanos y sociales. En estas empresas no importa tanto cuánto distribuyen en beneficios a sus accionistas o dueños, sino cuánto devuelven en calidad de vida a los ciudadanos del lugar donde operan.
Benedicto XVI llama la atención sobre la consideración del ambiente como creación de Dios, como lugar que nos ha dado para vivir, y como fuente de los recursos para nuestro desarrollo. El Papa dice que cuando no se tiene la concepción de la creación por parte de Dios de la naturaleza, se puede caer en uno de los dos extremos, o se la tiene como un tabú intocable, o al contrario, se abusa de ella. El Pontífice invita a cuidar la naturaleza, a cultivarla y a pensar en las futuras generaciones.
Benedicto XVI dice que el acaparamiento por parte de algunos estados, grupos de poder y empresas de recursos energéticos no renovables, es un grave obstáculo para el desarrollo de los países pobres.
El Papa está pidiendo una responsabilidad global en lo que concierne al uso de la energía, para que la explotación de recursos no renovables pueda regularse y proyectarse para que sea usada por las futuras generaciones. Benedicto dice que es lícito que el hombre gobierne responsablemente la naturaleza para custodiarla, hacerla productiva y cultivarla también con métodos nuevos y tecnologías avanzadas, de modo que pueda acoger y alimentar dignamente a la población que habita la tierra. Y afirma que en nuestra tierra hay lugar y recursos para todos, para toda la familia humana.
El Quinto Capitulo “La Colaboración de la Familia Humana”. Benedicto XVI, citando a Pablo VI, pide que se recupere el carácter inspirador de la revelación, y sobre todo que se tome conciencia que todos, absolutamente todos, formamos parte de la familia humana, creada por Dios.
El Papa indica que la construcción de la humanidad como una única familia se basa en la solidaridad y el respeto de los valores fundamentales de la justicia y la paz.
Benedicto XVI aclara que no está pidiendo que los Estados se conviertan en teocráticos, como ciertos países del ámbito musulmán, no es esta la idea, sino lo que se pide es que se reconozca la contribución que a las sociedades occidentales ha hecho el cristianismo, que ha configurado una cultura de respeto a la vida, de promoción de la solidaridad, de la proclamación de la dignidad humana. Cuando se excluye a Dios de la esfera pública, entra en juego cualquier valor, y se relativizan en función de la efectividad del desarrollo que se quiere lograr. Por eso vemos tanta permisividad en el planteamiento de leyes de aborto, de control de la natalidad, de divorcios, etc., que poco a poco van minando nuestras sociedades.
El Papa parte de la idea de que la colaboración entre creyentes y no creyentes en el ejercicio de la caridad en el ámbito social se debe dar en el diálogo fecundo entre fe y razón, de modo que se compartan visiones para trabajar por la justicia y la paz, que tanto necesitan nuestro mundo.
El Papa habla sobre el principio de subsidiariedad, que plantea, en términos muy genéricos, que cada quien tiene algo que aportar, algo que ofrecer, algo que complementa la acción del otro. Ser subsidiarios significa que no dejamos que sea sólo el Estado, por poner un ejemplo, el que solucione todo, sino que desde nuestras realidades eclesiales aportamos a la solución.
Benedicto XVI dice un punto de encuentro entre las diversas posturas planteadas en el campo del desarrollo puede ser el reconocimiento de la ley natural, inscrita en el corazón de todo ser humano, una ley de sentido común que da parámetros éticos para el comportamiento social, y que se enriquece con la contribución que hace la fe al enriquecerla con los principios cristianos.
Benedicto XVI dice que el aporte económico debe contribuir no sólo a la solución de los problemas inmediatos de los pueblos pobres, sino que deben ser invertidos en esas sociedades para crear riqueza para todos. Es decir, si bien hay que paliar el hambre y las necesidades urgentes de la gente, hay que destinar parte de la inversión a crear estructuras que permitan a los pueblos trabajar sus propios recursos y así disminuir la dependencia que crean muchas veces las ayudas internacionales.
Benedicto XVI ha hablado sobre las formas como la ayuda internacional debe contribuir, no sólo en el campo económico, sino también cultural y humano en el desarrollo de los pueblos. Y hacía la petición de que no se condicionen las ayudas a la asunción de ciertas políticas que van contra la vida.
Otra manera con la que algunos países han podido salir de la pobreza es mediante sus recursos naturales, pero ahora nos enfocamos en los recursos naturales que no se pueden exportar, sino que son atractivos turísticos. El Papa dice que en muchos casos la experiencia del turismo internacional es des-educativa tanto para el turista como para las poblaciones locales, porque en muchos casos estas se encuentran con conductas inmorales y hasta perversas, las conocidas como turismo sexual. El Pontífice hace un llamado enérgico para que se deje de explotar con esos fines a los menores, y pide a los gobiernos locales que no fomenten el turismo sexual como mecanismo de atraer turistas, y pide también a los gobiernos de los países de donde proceden los turistas que no se queden callados, y sean cómplices al no advertir sus ciudadanos sobre las formas de explotación que se dan en ciertas partes de la tierra.
En el caso de las migraciones Benedicto XVI dice que es un fenómeno que impresiona por sus grandes dimensiones, por los problemas sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos que suscita, y por los dramáticos desafíos que plantea a las comunidades nacionales y a la comunidad internacional. Para desarrollar una política coherente en este campo es preciso, enfatiza el Pontífice, que haya una estrecha colaboración entre los países de procedencia y de destino de los emigrantes. Benedicto XVI también plantea que esa colaboración debe ir acompañada de adecuadas normativas internacionales capaces de armonizar los diversos ordenamientos legislativos, con vistas a salvaguardar los derechos y las exigencias de las personas y las familias emigrantes así como de las sociedades de destino. Ningún país, por sí solo, puede solucionar el problema de las migraciones.
Benedicto XVI dice que si bien se pueden dar problemas de integración, los trabajadores extranjeros contribuyen de manera significativa con su trabajo al desarrollo económico de los países de destino. Pero también con el mecanismo de remesas contribuyen a mejorar la economía de los países de procedencia. Casos tenemos de países donde las remesas son, si no la primera, la segunda fuente de entradas y de configuración del producto interno bruto.
Benedicto XVI plantea la relación entre la pobreza y el desempleo. Los pobres son en muchos casos el resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano, bien porque se limitan sus posibilidades, con el desempleo o el sub-empleo, o bien porque se devalúan los derechos que emanan del mismo, especialmente el derecho al justo salario, a la seguridad de la persona del trabajador y de su familia.
Benedicto XVI hace un llamado a las organizaciones sindicales a que estudien y afronten los nuevos problemas surgidos en la época actual, y en especial pide que se preste atención a la consideración de la persona-trabajadora y la persona-consumidora, como lo ponen de relieve las ciencias sociales. Y esto no sólo porque paulatinamente se da un desplazamiento de la atención desde el trabajador hacia el consumidor, sino también porque es necesario proteger a quienes consumen, categoría que incluye también a quienes trabajan cuando van al mercado o a la tienda a comprar lo que necesitan.
Benedicto XVI hace otra sugerencia a los representantes de los trabajadores para que se ocupen también de los trabajadores no afiliados a los sindicatos. Esta sugerencia parte de la premisa que la persona no tiene obligación de sindicalizarse, sino que libremente puede optar. Y también tiene como principio que la defensa se hace de todos los trabajadores, no de manera exclusiva de aquellos que están inscritos en el sindicato.
Benedicto XVI plantea la problemática de la Organización de las Naciones Unidas, institución creada después del último conflicto bélico mundial y con un papel que originariamente debía ser de coordinación de políticas de convivencia mundial. El Pontífice dice que este organismo, así como las estructuras de la arquitectura económica y financiera internacional, necesita una profunda reforma para que respondan a las exigencias de los tiempos actuales. En especial deben procurar que se ponga en práctica y se respete el principio de la responsabilidad de proteger y dar voz eficaz en las decisiones comunes a las naciones más pobres. Se constata que las decisiones se hacen en función de las grandes naciones y de sus intereses, lo que muchas veces afecta a las naciones más pequeñas y con menos recursos.
El Sexto capítulo “el desarrollo de los pueblos y la técnica”. El Papa dice que como seres humanos debemos procurar el progreso, que no nos es dado por la naturaleza, sino que lo vamos construyendo con nuestra inteligencia y nuestro trabajo. En segundo lugar implica un ejercicio libre y voluntario, que tomando en cuenta nuestras limitaciones, y en consonancia con la comunidad, ayuda a construir el “yo” de cada uno en relación con la sociedad.
Benedicto XVI constata que el problema del desarrollo en la actualidad está estrechamente unido al progreso tecnológico y a sus aplicaciones deslumbrantes en el campo biológico. El Papa augura que la técnica siga sirviendo al desarrollo de los pueblos, y hace un llamado a quienes la usan para que nunca pierdan de vista el carácter humano que deben tener todas las investigaciones y avances que se propongan, que busquen en definitiva mejorar la vida del hombre salvaguardando su dignidad.
Benedicto XVI especifica que la solución a los problemas del desarrollo se han visto mayoritariamente como una cuestión de ingeniería financiera, donde aplicando ciertos correctivos se deberían dar las soluciones esperadas. Pero hemos visto que estas soluciones aplicadas muchas veces como “recetas” o “paquetes” lo que han hecho es empeorar la situación de muchas sociedades. La solución de fondo, y es tal vez el aporte más significativo que da el Papa en este argumento es que “el desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia el llamado al bien común”. De modo que los problemas de desarrollo, más que de índole técnica que seguramente tienen su aporte, pasan por la conciencia de quienes dirigen las sociedades menos desarrolladas, los cuales son en gran medida responsables de los atrasos de los pueblos, y tal vez cómplices de grupos o potencias que no quieren la independencia económica y con ello la autonomía de los pueblos. De modo que se debe procurar adquirir las nuevas técnicas para mejorar las condiciones de vida de los pueblos, pero también se debe hacer un trabajo de concientización que lleve a todos a asumir las responsabilidades en el proceso del desarrollo humano integral.
El Papa parte de la preocupación de que la paz sea considerada por muchos como un problema producto de la técnica, o como un fruto exclusivo de los acuerdos entre gobiernos o inclusive como una iniciativa que involucra aspectos exclusivamente económicos. Si bien a la paz de los pueblos contribuye lo mencionado antes, lo fundamental es considerar que la paz es una construcción que se hace con el concurso de las gentes, de los pueblos, los cuales deben ser oídos y atendidos en sus necesidades más elementales. El Pontífice anima a seguir apoyando las iniciativas de paz que se dan tanto de instituciones como de personas, y en especial anima a los fieles cristianos que han hecho de la paz su motivo de vivir la fe a seguir en sus esfuerzos de procurar el desarrollo de los pueblos.
Benedicto XVI habla sobre la Bioética y este dice que es un campo prioritario y crucial en la lucha cultural entre el absolutismo de la técnica y la responsabilidad moral, y en el que está en juego la posibilidad de un desarrollo humano integral. Aquí la pregunta fundamental es si el ser humano es un producto de sí mismo o si depende de Dios. El Papa dice que los desarrollos científicos en este campo y las posibilidades de intervenciones técnicas han crecido tanto que parecen imponer la elección entre estos dos tipos de razón: una razón abierta a la trascendencia, donde Dios es protagonista, o una razón encerrada en la inmanencia, es decir, que se queda en lo meramente material y humano. Y de esta respuesta depende el respeto que se dé a la vida humana y a su dignidad, ya que no todo lo técnicamente posible es moralmente admisible.
Benedicto XVI apela al concepto de conocimiento para indicar estas realidades inmateriales, ya que es experiencia del ser humano aprehender con sus sentidos los datos esenciales de las cosas para entonces proceder a las generalizaciones del conocimiento. Y dentro de las cosas que se conocen está la realidad del amor, el cual se siente, se expresa, pero no se puede materializar como realidad en cuanto tal. El Pontífice nos pide que vayamos más allá de los simples datos materiales, que tengamos apertura para percibir la dimensión espiritual de las personas, y así poder concretizar un desarrollo que sea integral para todas las personas.
La Conclusión “sin Dios el hombre no sabe a dónde ir ni tampoco logra entender quién es”. El Papa plantea que ante los grandes desafíos que le plantea al hombre de hoy el desarrollo de los pueblos, viene en nuestro auxilio la palabra de Jesucristo, que nos dice “sin mí no pueden hacer nada”, y a la vez nos anima al decirnos “yo estoy con ustedes todos los días, hasta el final del mundo”.
Si bien mucha gente está trabajando, estudiando y poniendo en práctica los conocimientos para hacer avanzar a la humanidad, nosotros los creyentes debemos con nuestra fe dar orientaciones para que ese progreso no deshumanice, sino que alcance el verdadero fin para el que fuimos creados, que ser felices como co-creadores en esta tierra, compartida por todos.
“el desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oración, cristianos conscientes de que el amor lleno de verdad, caritas in veritate, del que procede el auténtico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo sino un don”. Por ello, por ser don es que se debe acudir a Dios en oración, invocarlo como Padre Nuestro que es.
El Papa dice que el desarrollo conlleva atención a la vida espiritual, tener en cuenta seriamente la experiencia de fe en Dios, de fraternidad espiritual en Cristo, de confianza en la Providencia y en la Misericordia divina, de amor y perdón, de renuncia de uno mismo, de acogida del prójimo, de justicia y de paz.
«Que vuestra caridad no sea una farsa: aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo»
Autorreflexión Es una encíclica que se inserta en la Doctrina Social de la Iglesia, no sólo porque aborda los problemas sociales más acuciantes para la humanidad en nuestros días, sino porque ofrece el criterio del amor en la verdad para la actuación nuestra como cristianos en este nuevo contexto. Desde la publicación de la primera encíclica social, la Rerum novarum del Papa León XIII en el año 1881, la Iglesia pide a los cristianos un compromiso más visible en el área social, siendo consecuentes con las enseñanzas del Evangelio, donde en muchos pasajes vemos la preocupación de Jesús por la situación de sus conciudadanos, y sobre todo porque el mismo Señor ha puesto los parámetros sobre los cuales seremos juzgados en el Cielo: tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, enfermo y en la cárcel y me visitaste. Son estas situaciones que Jesús ejemplificó para que entendiéramos que si bien nuestro trabajo como cristianos es hacer visible el Reino de Dios en la tierra, ese reino lamentablemente será una tarea mientras haya hermanos que sufran en su vida las consecuencias del atraso, del subdesarrollo y de la pobreza. Siendo fieles a las enseñanzas de Jesús, y con la orientación de la Doctrina Social y de nuestros pastores, como Iglesia, estamos llamados a contribuir al progreso de los pueblos y a la defensa del valor mayor que nos ha enseñado Jesús, la dignidad de la persona humana.

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